martes, 17 de mayo de 2011
El coche de Larqué y el del PP. Incumpliendo la ley con chulería
En numerosas ocasiones el Sr. Larqué, candidato del PP y todavía alcalde de Zuera, aparca su vehículo según le indica su entrepierna. No sabemos si la Policía Local, a la que tanto le gusta utilizar para quitar pancartas del PSOE, le habra endosado alguna sanción de tráfico. Desde luego no es este el caso que les mostramos.
El amigo Larqué, el candidato Larqué, que muestra un celo escrupuloso para hacer cumplir las normas cuando se trata de los demás, se olvida de hacerlo cuando se trata de cumplirlas él.
¿Cuantas sanciones de tráfico ha firmado de su puño y letra?
Las fotografías muestran el vehículo del PP que utiliza estos días aparcado en diferentes días en el estacionamento prohibído frente al cuartel de la Policía Local. Que pedazo de autoridad tenemos en Zuera. Encima provocándoles.
En fin, esto es sólo una muestra del cinismo y la cara dura a la que nos tiene acostumbrados. A los Altos de Jalisco no le descubre nada nuevo, al resto de ciudadanos de Zuera creemos que tampoco.
miércoles, 11 de mayo de 2011
¡Ojo, cuidado!. Larqué, uno, glande y libre.
El fin de semana ha sido verdaderamente intenso en Zuera, desde el punto de vista electoral. El viernes, visita y mitin con Marcelino Iglesias, excelente ánimo y sabor de boca, el que nos dejó. El domingo, fraternal comida con cientos de socialistas en el marco incomparable del Parque del Gállego y por la tarde, paseíllo entre veladores y mitin con la señora Rudi. En éste no pude estar, a pesar de que Ella, al pasar a nuestro lado, me miró.
Con todo y a pesar de los eventos y los grandes espadas que hemos tenido el gusto de recibir estos días, la figura estelar del fin de semana ha conseguido ser nuestro inefable alcalde, quien dejando brotar de sus adentros, sus más genuinas esencias, ordenó a la Policía Municipal y a Protección Civil , confiscar una pancarta de la PSOE, situada en lugar público, a la entrada del “estadio municipal de fútbol”. ¡Madre mía, qué tormento!
El Alcalde ordena quitar pancarta y la policía cumple las órdenes. El PSOE local denuncia el hecho ante La Junta electoral, que es el órgano que tiene la competencia para resolver este tipo de situaciones en periodo electoral, -y en ningún caso el alcalde-. El PSOE vuelve a colocar otras pancartas, sabiendo que la ley le ampara y porque se considera víctima de una cacicada y de un gesto de prepotencia absolutamente injustificado y fuera de lugar. Pero el culebrón continúa.
El alcalde vuelve a dar órdenes a la policía de retirar las pancartas que han sido colocadas en el mismo lugar que ocupara la “requisada”. Discurre el mediodía del domingo, hace un día espléndido y un número indeterminado de cientos de simpatizantes socialistas, degustan una muy sabrosa paella campestre en armoniosa y grata convivencia, de la que saldrán catapultados hacia las urnas. Ante tamaña concentración de “gentes de mal vivir” cercana al lugar de “autos” y ante el posible riesgo de incidentes que se manifiesta en la cabeza del alcalde, éste sugiere a la policía que pidan “refuerzos a la Guardia Civil”. Es decir, al las Fuerzas de Seguridad del Estado. Supongo que el Comandante de Puesto, como poco se vería sorprendido, y tal vez atónito, por la situación. El tema llega telefónicamente hasta la Delegación de Gobierno, desde donde queda sin efecto la abusiva orden del alcalde de retirar las pancartas. Todos quietos paraos.
Y claro, ahora viene el momento de la reflexión. Una vez que se sale de la perplejidad de la extravagancia y del sentimiento de impotencia que provoca, no la situación concreta, sino el hecho de tener que padecer de alcalde a una persona que no ha asimilado, después de más de 30 años las más elementales reglas y maneras de la democracia, la vergüenza ajena, el sentimiento municipal de ridículo. Después, cómo no, una cierta concesión al cabreo ante un comportamiento, que muchas personas – entre las cuales me encuentro- no han dudado en calificar de fascista o propias de un régimen tal.
En realidad no hemos descubierto nada nuevo de lo cual no estuviésemos al corriente. Sabemos de qué tipo de persona estamos hablando y aunque todo este pseudoculebrón acabé provocando la hilaridad de cualquiera que lo escuche, procede cortar de cuajo cualquier intento de tomarse a risa los hechos, porque estamos hablando de un individuo que concurre a las elecciones del próximo día 22, con la truculenta idea de continuar siendo nuestro alcalde. ¡Ojo, cuidao!
Con todo y a pesar de los eventos y los grandes espadas que hemos tenido el gusto de recibir estos días, la figura estelar del fin de semana ha conseguido ser nuestro inefable alcalde, quien dejando brotar de sus adentros, sus más genuinas esencias, ordenó a la Policía Municipal y a Protección Civil , confiscar una pancarta de la PSOE, situada en lugar público, a la entrada del “estadio municipal de fútbol”. ¡Madre mía, qué tormento!
El Alcalde ordena quitar pancarta y la policía cumple las órdenes. El PSOE local denuncia el hecho ante La Junta electoral, que es el órgano que tiene la competencia para resolver este tipo de situaciones en periodo electoral, -y en ningún caso el alcalde-. El PSOE vuelve a colocar otras pancartas, sabiendo que la ley le ampara y porque se considera víctima de una cacicada y de un gesto de prepotencia absolutamente injustificado y fuera de lugar. Pero el culebrón continúa.
El alcalde vuelve a dar órdenes a la policía de retirar las pancartas que han sido colocadas en el mismo lugar que ocupara la “requisada”. Discurre el mediodía del domingo, hace un día espléndido y un número indeterminado de cientos de simpatizantes socialistas, degustan una muy sabrosa paella campestre en armoniosa y grata convivencia, de la que saldrán catapultados hacia las urnas. Ante tamaña concentración de “gentes de mal vivir” cercana al lugar de “autos” y ante el posible riesgo de incidentes que se manifiesta en la cabeza del alcalde, éste sugiere a la policía que pidan “refuerzos a la Guardia Civil”. Es decir, al las Fuerzas de Seguridad del Estado. Supongo que el Comandante de Puesto, como poco se vería sorprendido, y tal vez atónito, por la situación. El tema llega telefónicamente hasta la Delegación de Gobierno, desde donde queda sin efecto la abusiva orden del alcalde de retirar las pancartas. Todos quietos paraos.
Y claro, ahora viene el momento de la reflexión. Una vez que se sale de la perplejidad de la extravagancia y del sentimiento de impotencia que provoca, no la situación concreta, sino el hecho de tener que padecer de alcalde a una persona que no ha asimilado, después de más de 30 años las más elementales reglas y maneras de la democracia, la vergüenza ajena, el sentimiento municipal de ridículo. Después, cómo no, una cierta concesión al cabreo ante un comportamiento, que muchas personas – entre las cuales me encuentro- no han dudado en calificar de fascista o propias de un régimen tal.
En realidad no hemos descubierto nada nuevo de lo cual no estuviésemos al corriente. Sabemos de qué tipo de persona estamos hablando y aunque todo este pseudoculebrón acabé provocando la hilaridad de cualquiera que lo escuche, procede cortar de cuajo cualquier intento de tomarse a risa los hechos, porque estamos hablando de un individuo que concurre a las elecciones del próximo día 22, con la truculenta idea de continuar siendo nuestro alcalde. ¡Ojo, cuidao!
martes, 26 de abril de 2011
La lista del PP. Más de lo mismo (prácticamente)
Acabamos de conocer la lista con la que el PP va a concurrir a las próximas elecciones municipales en Zuera. A primera vista la sensación que produce es que se parece mucho a la anterior. Es más, si prescindimos del séptimo nombre, el PP que gobierna lo hace en la actualidad con seis concejales, sólo se han producido dos movimientos. O, para ser más exactos, tres. Entran a formar parte de la misma dos nombres nuevos y el representante de Ontinar ha sido relegado a la séptima posición. Ha desaparecido de la lista, Nasarre, una persona que venía apareciendo en las listas del PP, y en el Ayuntamiento, junto al actual alcalde desde la primera vez que el PP decidió presentarse a las elecciones municipales. En este sentido podríamos decir que se trata de uno de los integrantes con mayor “pedigrí” que el PP posee en Zuera. Si la salida del susodicho se debe a la infección que juntamente con su hermano, candidato por el Par y de facto actual alcalde bis del Ayuntamiento de Zuera, han provocado estos últimos cuatro años en el ayuntamiento, podríamos concluir que la decisión de Larqué habría sido una decisión aparentemente atrevido. Es de suponer que habrá habido sus más y sus menos. Estaríamos ante un gesto de autoridad inversamente proporcional a las presiones que haya recibido. Pero un gesto de autoridad tardío y cuyas consecuencias se sabrán cuando se abran las urnas y, posiblemente, antes. Eso depende de cuáles hayan sido las verdaderas causas de su desaparición de la lista.
Los discursos electorales acostumbran a ser bidireccionales. Se dirigen tanto al futuro, lo más importante, como al pasado, también importante, pero no siempre determinante. En el caso que nos ocupa, lo más previsible, conociendo al candidato del PP, es que se cargue el tono en la gestión realizada, puesto que no es nuestro alcalde un hombre ni de grandes ideas ni, mucho menos, de grandes desafíos. Ahora bien, nuestro alcalde comenzó el mandato introduciéndose voluntariamente una china en le zapato que, gesticulación aparte, le ha hecho sentirse incómodo a lo largo de todo el mandato. Se asoció con un mal aliado, pensando más en su propio interés que en el del municipio y no sería de extrañar que tal equívoco le pase algún tipo de factura.
Sin embargo no ha sido ése el principal error que nuestro alcalde ha cometido estos años. Nuestro alcalde tuvo puntual conocimiento en un momento dado, de las graves irregularidades que se estaban llevando a cabo desde el área de urbanismo, controlada, humillantemente para él, por su socio y su hermano, hoy caído de la lista del PP, y no tuvo lo que un alcalde honrado y con autoridad tiene que tener para acabar de cuajo con esa situación irregular. Antes, al contrario, la asumió y la negó públicamente, a cambio de continuar indignamente en el cargo.
A Larqué, desde la orilla socialista, siempre se le ha visto como una persona anacrónicamente autoritaria, poco competente y falto de valor. Más preocupado por su imagen personal que por los problemas reales del municipio. Después de lo acontecido a lo largo del presente mandato, se puede añadir a esos rasgos, el de la indignidad o la falta de agallas. El de haberse sometido voluntariamente a un chantaje sistemático por parte de su socio y negarse a ver la realidad. Debería saber que en política no todo vale con el fin de mantenerse en el poder. Existe una cosa que se llama nobleza, o si él lo prefiere, honor, decencia y, en definitiva, vergüenza, que, una vez que se pierde es muy difícil de recuperar. Eso desde una perspectiva personal, que aquí no es la más importante, allá él con su Biblia. Lo que verdaderamente tiene importancia es que siendo el principal representante del pueblo de Zuera, se haya dejado sodomizar, políticamente hablando, de esta manera en aras de su exclusivo interés personal. No sólo es corrupto el que roba, sino el que incumple o encubre al que incumple la ley.
Nuestra esperanza es que el pueblo de Zuera, en primer lugar, se haya enterado, y en segundo, que a la hora de emitir el voto, lo haga cada cual con arreglo a una serie de valores donde esté condenada la mentira, el embuste y la falsedad.
Ya sabemos que hay una buena parte del electorado de la derecha a quienes estas cuestiones no le afectan, y que no les repugna que la lista que van a votar esté plagada de incompetentes o corruptos, ahí tenemos el caso de Valencia, pero hay otro sector, y seguimos hablando de la derecha, que sí da valor a que las personas a las que se dispone a votar sean gentes íntegras, honradas y trabajadoras, que sepan anteponer el interés de todos a los suyos propios.
Pero, como decimos, esto es una esperanza que tienen que hacer cristalizar los socialistas de aquí al día de las elecciones.
Emiliano
Los discursos electorales acostumbran a ser bidireccionales. Se dirigen tanto al futuro, lo más importante, como al pasado, también importante, pero no siempre determinante. En el caso que nos ocupa, lo más previsible, conociendo al candidato del PP, es que se cargue el tono en la gestión realizada, puesto que no es nuestro alcalde un hombre ni de grandes ideas ni, mucho menos, de grandes desafíos. Ahora bien, nuestro alcalde comenzó el mandato introduciéndose voluntariamente una china en le zapato que, gesticulación aparte, le ha hecho sentirse incómodo a lo largo de todo el mandato. Se asoció con un mal aliado, pensando más en su propio interés que en el del municipio y no sería de extrañar que tal equívoco le pase algún tipo de factura.
Sin embargo no ha sido ése el principal error que nuestro alcalde ha cometido estos años. Nuestro alcalde tuvo puntual conocimiento en un momento dado, de las graves irregularidades que se estaban llevando a cabo desde el área de urbanismo, controlada, humillantemente para él, por su socio y su hermano, hoy caído de la lista del PP, y no tuvo lo que un alcalde honrado y con autoridad tiene que tener para acabar de cuajo con esa situación irregular. Antes, al contrario, la asumió y la negó públicamente, a cambio de continuar indignamente en el cargo.
A Larqué, desde la orilla socialista, siempre se le ha visto como una persona anacrónicamente autoritaria, poco competente y falto de valor. Más preocupado por su imagen personal que por los problemas reales del municipio. Después de lo acontecido a lo largo del presente mandato, se puede añadir a esos rasgos, el de la indignidad o la falta de agallas. El de haberse sometido voluntariamente a un chantaje sistemático por parte de su socio y negarse a ver la realidad. Debería saber que en política no todo vale con el fin de mantenerse en el poder. Existe una cosa que se llama nobleza, o si él lo prefiere, honor, decencia y, en definitiva, vergüenza, que, una vez que se pierde es muy difícil de recuperar. Eso desde una perspectiva personal, que aquí no es la más importante, allá él con su Biblia. Lo que verdaderamente tiene importancia es que siendo el principal representante del pueblo de Zuera, se haya dejado sodomizar, políticamente hablando, de esta manera en aras de su exclusivo interés personal. No sólo es corrupto el que roba, sino el que incumple o encubre al que incumple la ley.
Nuestra esperanza es que el pueblo de Zuera, en primer lugar, se haya enterado, y en segundo, que a la hora de emitir el voto, lo haga cada cual con arreglo a una serie de valores donde esté condenada la mentira, el embuste y la falsedad.
Ya sabemos que hay una buena parte del electorado de la derecha a quienes estas cuestiones no le afectan, y que no les repugna que la lista que van a votar esté plagada de incompetentes o corruptos, ahí tenemos el caso de Valencia, pero hay otro sector, y seguimos hablando de la derecha, que sí da valor a que las personas a las que se dispone a votar sean gentes íntegras, honradas y trabajadoras, que sepan anteponer el interés de todos a los suyos propios.
Pero, como decimos, esto es una esperanza que tienen que hacer cristalizar los socialistas de aquí al día de las elecciones.
Emiliano
miércoles, 23 de marzo de 2011
Miseria moral
Recientemente y a través de estas páginas de Internet he tenido conocimiento de dos situaciones, que posteriormente y antes de escribir estas líneas, he podido constatar. Ambas situaciones, a pesar de su aparente disparidad tienen en común una actitud un comportamiento perverso en la persona de quien las protagoniza y ante la cual cualquiera se pondría en guardia, si tuviera que establecer relaciones con la misma. La precaución se convertiría en verdadera alarma si tuviéramos constancia de que esa persona no es otra que el alcalde.
Recientemente falleció un señor que buena parte de su vida laboral, más de quince o veinte años, la pasó al servicio del Ayuntamiento de Zuera. No consta que existiera ninguna desavenencia personal entre este “ex operario” municipal, jubilado hacía años, y el actual alcalde. Sí parece, no obstante, que el pensamiento político de ambos era, digamos, antagónico o, cuando menos, opuesto. La persona en cuestión fue hasta su muerte militante del Partido Socialista.
Al parecer durante su funeral, la policía local prestaba sus servicios, como debe ser habitual, en la puerta de la iglesia y a la entrada del cementerio. Según hemos podido saber, el alcalde se molestó porque el “despliegue policial” no había sido a consecuencia de una orden explícita suya, cosa que según parece, hace en ocasiones y siempre dependiendo del color político del difunto.
Esta es la parte más anecdótica del asunto. Lo más grave a nuestro entender es que nuestra primera autoridad no considerase pertinente ni asistir al funeral ni transmitir sus, aunque fueran protocolarias, condolencias a la familia. Si tenemos en cuenta que además una de sus hijas es funcionaria municipal, la cuestión adquiere caracteres que van más allá de la mala educación para incidir en el sectarismo más miserable.
Un par de semanas más tarde y presuntamente puesto en “evidencia preelectoral” por la difusión de la noticia se personó en la oficina donde trabaja la hija del fallecido a pedir interesadas disculpas. Tela.
La otra. Es del dominio público que recientemente la bibliotecaria municipal ha sido objeto de un reconocimiento público - uno más- por parte de una organización que desarrolla su actividad en el ámbito de la lectura y la cultura en general. El hecho fue noticia en la prensa de la Comunidad y en diferentes cadenas de radio, incluida la que emite desde Zuera.
Según he tenido oportunidad de comprobar, en el curso de una entrevista efectuada en esta emisora al mismo alcalde, la entrevistadora, contenta y alborozada por la noticia de que una persona de Zuera hubiese sido merecedora de un premio desde fuera de la localidad le sacó el tema al alcalde. Éste, que tampoco le debe tener simpatía a la bibliotecaria, se refirió reiteradamente a ella con el calificativo de “operaria municipal”, intentando menoscabar sus méritos y aludiendo a otras distinciones que también habrían recibido otros trabajadores de la plantilla municipal. Al final no le quedó más remedio que mencionar el nombre por el que todos la conocemos: Chus. Es como para mear y no echar gota.
Seguramente a las personas a las que ya, de por sí, no les resulte patética la figura de este alcalde, estos ejemplos les pueden resultar reveladores de la enjundia moral del personaje.
Y nosotros nos preguntamos, y con nosotros suponemos que más gentes, cómo una persona que pretende pasar por señor maduro, educado y con encanto, y que dice ser el alcalde de todos los zufarienses, puede ser tan maleducado y carente de nobleza.
Dentro de dos meses se volverá a presentar como candidato a alcalde por su partido, el PP. Ya sé que a sus correligionarios y simpatizantes, que seguramente son muchos y no todos como él, este tipo de comportamientos no les merecen la misma valoración que a nosotros, pero desde aquí queremos apelar a todos los demás.
Zuera no debería permitir que una persona que alberga en su interior tanta enemistad hacia los que no son o piensan como él, que carece de voluntad integradora alguna y que se comporta de manera tan poco decente continuase gobernando nuestro Ayuntamiento. Y no es que no nos lo merezcamos, eso al fin y al cabo, no engañarse, lo deciden las urnas. Se trata de que mucho más perjudicial y destructivo que la incompetencia, el autoritarismo, la hipocresía y la vil cobardía es tener al frente de una institución como el Ayuntamiento un tipo anclado en el pasado que sólo es capaz de concebir la sociedad de Zuera dividida y, a ser posible, enfrentada.
Recientemente falleció un señor que buena parte de su vida laboral, más de quince o veinte años, la pasó al servicio del Ayuntamiento de Zuera. No consta que existiera ninguna desavenencia personal entre este “ex operario” municipal, jubilado hacía años, y el actual alcalde. Sí parece, no obstante, que el pensamiento político de ambos era, digamos, antagónico o, cuando menos, opuesto. La persona en cuestión fue hasta su muerte militante del Partido Socialista.
Al parecer durante su funeral, la policía local prestaba sus servicios, como debe ser habitual, en la puerta de la iglesia y a la entrada del cementerio. Según hemos podido saber, el alcalde se molestó porque el “despliegue policial” no había sido a consecuencia de una orden explícita suya, cosa que según parece, hace en ocasiones y siempre dependiendo del color político del difunto.
Esta es la parte más anecdótica del asunto. Lo más grave a nuestro entender es que nuestra primera autoridad no considerase pertinente ni asistir al funeral ni transmitir sus, aunque fueran protocolarias, condolencias a la familia. Si tenemos en cuenta que además una de sus hijas es funcionaria municipal, la cuestión adquiere caracteres que van más allá de la mala educación para incidir en el sectarismo más miserable.
Un par de semanas más tarde y presuntamente puesto en “evidencia preelectoral” por la difusión de la noticia se personó en la oficina donde trabaja la hija del fallecido a pedir interesadas disculpas. Tela.
La otra. Es del dominio público que recientemente la bibliotecaria municipal ha sido objeto de un reconocimiento público - uno más- por parte de una organización que desarrolla su actividad en el ámbito de la lectura y la cultura en general. El hecho fue noticia en la prensa de la Comunidad y en diferentes cadenas de radio, incluida la que emite desde Zuera.
Según he tenido oportunidad de comprobar, en el curso de una entrevista efectuada en esta emisora al mismo alcalde, la entrevistadora, contenta y alborozada por la noticia de que una persona de Zuera hubiese sido merecedora de un premio desde fuera de la localidad le sacó el tema al alcalde. Éste, que tampoco le debe tener simpatía a la bibliotecaria, se refirió reiteradamente a ella con el calificativo de “operaria municipal”, intentando menoscabar sus méritos y aludiendo a otras distinciones que también habrían recibido otros trabajadores de la plantilla municipal. Al final no le quedó más remedio que mencionar el nombre por el que todos la conocemos: Chus. Es como para mear y no echar gota.
Seguramente a las personas a las que ya, de por sí, no les resulte patética la figura de este alcalde, estos ejemplos les pueden resultar reveladores de la enjundia moral del personaje.
Y nosotros nos preguntamos, y con nosotros suponemos que más gentes, cómo una persona que pretende pasar por señor maduro, educado y con encanto, y que dice ser el alcalde de todos los zufarienses, puede ser tan maleducado y carente de nobleza.
Dentro de dos meses se volverá a presentar como candidato a alcalde por su partido, el PP. Ya sé que a sus correligionarios y simpatizantes, que seguramente son muchos y no todos como él, este tipo de comportamientos no les merecen la misma valoración que a nosotros, pero desde aquí queremos apelar a todos los demás.
Zuera no debería permitir que una persona que alberga en su interior tanta enemistad hacia los que no son o piensan como él, que carece de voluntad integradora alguna y que se comporta de manera tan poco decente continuase gobernando nuestro Ayuntamiento. Y no es que no nos lo merezcamos, eso al fin y al cabo, no engañarse, lo deciden las urnas. Se trata de que mucho más perjudicial y destructivo que la incompetencia, el autoritarismo, la hipocresía y la vil cobardía es tener al frente de una institución como el Ayuntamiento un tipo anclado en el pasado que sólo es capaz de concebir la sociedad de Zuera dividida y, a ser posible, enfrentada.
lunes, 28 de febrero de 2011
El Par, viaje de ida y vuelta
La alineación del Par en Zuera siempre ha sido una opción de la derecha. Los primeros años de la democracia cuando los sectores más fieles al franquismo no entendían nada y carecían de capacidad para incidir en los acontecimientos, emergió una derecha si no moderna, sí lo suficientemente inteligente como para asumir sin mayor esfuerzo los valores democráticos. Un sector social de clases medias, fundamentalmente representado por pequeños empresarios, comerciantes y pequeños agricultores. Este sector, en Zuera, un marco preciso de relación donde todo el mundo se conoce, estaba lógicamente asociado a determinados rostros y personajes, nada o muy poco vinculados a la derecha que tradicionalmente había ocupado el poder municipal hasta finales de la década de los 70, y compareció en las primeras elecciones locales bajo las siglas de UCD. A principios de los 80 la candidatura sufrió una crisis interna a escala local y la UCD, como organización política, apenas puedo subsistir tras las grandes convulsiones que la sacudieron antes y después de la dimisión de Adolfo Suárez. Uno de los resultados de estas circunstancias fue que un sector que inicialmente se había identificado con el ideario de la UCD recondujo sus efectivos hacia el entonces recientemente creado, Partido Aragonés Regionalista. Todo ello en un escenario político en el que hasta el momento no había hecho acto de presencia el PP.
Como suele suceder en todos los periodos históricos caracterizados por un poderoso impulso renovador -o “revolucionador”- éste se va atenuando a medida que se roza con la realidad, cual si de rodajes se tratara en contacto con el pavimento. Se avanza, pero se produce un desgaste. Y es este desgaste el que, frecuentemente, mueve a los actores que intervienen a volver la mirada a sus marcos tradicionales de referencia y buscar el calor y el cobijo de sus idearios de origen.
De este forma fue como con el paso del tiempo el Par se volvió a encontrar ideológicamente hablando, en el mismo sitio en el que poco después se instalaría el PP. Un PP con el cual, si dejamos al margen ciertos personalismos y cuestiones tácticas, comparten prácticamente todo. No hay más que ver como convocatoria tras convocatoria le ha ido segando la yerba el uno al otro, a pesar del anacrónico y autoritario perfil político que caracteriza al cabeza de lista del PP. Es decir, que el Par tácticamente, predica “centro”, pero estratégicamente, donde verdaderamente cosecha votos es en la derecha. De sus actos ya, ni hablamos, por pura evidencia.
De tal manera que en la actualidad, podríamos decir que sólo cuestiones de verdadero oportunismo político son las que mantienen viva una organización política, hoy puesta al servicio casi exclusivo de los intereses particulares de quienes la controlan. La candidez y la confusión que late en ciertos sectores del electorado son elementos que contribuyen al mantenimiento del actual estatus político local, del cual, como es sabido, se están derivando nefastas consecuencias para el municipio, producto de la conjunción de intereses personales que hoy rige el destino del Ayuntamiento.
Este Par del que hablamos ha decidido hace un par de meses, que su candidato a la Alcaldía de Zuera sea la persona a la que en los albores del presente mandato abrió un expediente disciplinario con visos de expulsión, por haber faltado a la disciplina de su Partido, en los pactos que en aquel momento éste, el Par, tenía suscritos con el PSOE y que su representante en el Ayuntamiento de Zuera no respetó. Ya es del dominio público, que todo aquel aparente proceso de penalización quedó convertido en un juego de simulación.
Es la misma persona que, no contento con el sueldo que consiguió “de salida” de 3.000 € mensuales, no ha cesado estos cuatro años de buscar complementos salariales por doquier, sirviéndose de su condición de munícipe.
El mismo que por una cuestión de aquí tengo yo un Acampo, paralizó la ejecución del Polígono de Los huertos, que hoy debería estar terminado y dispuesto para la venta de parcelas y la captación de nuevas empresas.
O aquel que no ha dudado en llevarse a su casa un negocio de energías alternativas, el ya tristemente famoso macrogenerador eólico, que perfectamente podía ser instalado en suelo municipal, de manera tal, que los posibles beneficios fueran a parar al erario público en lugar de a sus bolsillos.
También es el hombre de cuya mano parecen haber tenido entrada las prácticas corruptas en el Ayuntamiento, convenientemente consentidas y amparadas por el Alcalde. El affaire del arquitecto municipal, asunto todavía no aclarado, ni por Larqué ni por Nasarre, a pesar de las acusaciones vertidas sobre ellos, que nunca han llegado a desmentir públicamente y mucho menos a denunciar,- como hubiera sido lógico en el supuesto de que fueran falsas- puso en evidencia la existencia de irregularidades técnicas y económicas, cuya existencia se presumía, pero que la opacidad y la complicidad vía sumisión del Alcalde habían impedido poner de manifiesto.
Bueno, pues este tipo de individuos es el que uno de los Partidos políticos que concurrirán a las próximas elecciones municipales, en este caso, el Par, nos propone para que continúe haciéndose cargo de la hacienda pública municipal, del urbanismo y de los intereses comunes de los zufarienses.
Luego habrá quien se queje de que hay gente que detesta a la clase política y la considera incluso como uno de los principales problemas que tiene el país.
Añadamos, no obstante, que si bien son, a nuestro entender, absolutamente condenables estas maneras de comportamiento de determinados Partidos políticos, más pendientes de sus propias estructuras e intereses de poder que de servir a la ciudadanía, qué decir de las personas que conscientes de los desvaríos, irregularidades, abusos de poder y prácticas corruptas vuelven a depositar el voto en la urna, pinza en nariz y venda en ojos, con la exclusiva esperanza e ilusión de que no gobiernen “los otros”?
Creo que esto es lo que hay. Y esto es algo que convendría cambiar, si se pretende corregir el camino a ninguna parte en el que han metido al municipio en estos últimos cuatro años.
Emiliano
miércoles, 16 de febrero de 2011
Las armas secretas de Zubieta
Poirot sigue investigando. Hoy les presentamos una de las armas secretas del candidato a la alcaldía de Zuera Luis Zubieta.
La famosa máquina de poner las calles.
Eficacia y modernidad en un solo kit.
Según nos cuenta nuestro querido detective el aparato anticorrupción es todavía de mayor calibre.
Tiembla Larqué
La famosa máquina de poner las calles.
Eficacia y modernidad en un solo kit.
Según nos cuenta nuestro querido detective el aparato anticorrupción es todavía de mayor calibre.
Tiembla Larqué
sábado, 12 de febrero de 2011
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